jueves, 9 de julio de 2015

Romanos contra cartagineses: guerra y devastación en el Alto Guadalquivir


El enfrentamiento entre Roma y Cartago durante la Segunda Guerra Púnica tuvo un escenario excepcional en el valle del Alto Guadalquivir. Las tropas romanas, bajo el mando de Escipión el Africano, pretendían contener las fuerzas cartaginesas y especialmente impedir que Asdrúbal Barca reforzara a su hermano Aníbal en la península itálica. 

Uno de los episodios más enigmáticos de la guerra entre los dos imperios se produjo en Iliturgi, una ciudad estratégica por su proximidad a las principales vías de comunicación, sus recursos mineros y una producción de cereales que garantizaba el abastecimiento de las tropas. Situada en las proximidades de Mengíbar, junto a la N-VI, vivió en toda su complejidad la tensión de los tiempos, alternando los periodos de influencia cartaginesa y romana hasta que en el año 206 antes de Cristo fue sitiada y Escipíón, bajo la acusación de haber traicionado a Roma para volver a los brazos de Cartago, ordenó su destrucción. A la luz de las fuentes documentales, esta es la primera destrucción sistemática de una ciudad en la península ibérica durante un conflicto bélico. Sin embargo, todavía no se han hallado evidencias arqueológicas de este episodio.

Expertos del Instituto Arqueológico Alemán y de la Universidad de Sevilla realizaron algunas investigaciones puntuales en los años 80 con el objetivo de encontrar las pruebas de la ciudad destruida, pero no tuvieron éxito. Ahora, un equipo del Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, bajo la dirección de Juan Pedro Bellón, ha puesto en marcha un proyecto que va más allá del mero conflicto militar, para alcanzar también la repercusión que tuvo en el culto y en el territorio el enfrentamiento de los dos imperios en este punto de la geografía de Jaén.

El equipo, que ya dispone de los permisos de la Consejería de Cultura para iniciar las excavaciones y 100.000 euros proporcionados con cargo a los proyectos de excelencia de I+D de la Junta de Andalucía para realizar el trabajo, pretende, por una parte, “constatar lo que dicen las fuentes” con las pruebas arqueológicas. Alude por ejemplo, al interés por encontrar las evidencias de la destrucción ordenada .

Al mismo tiempo, la investigadora Carmen Rueda estudiará el impacto de la cultura romana y cartaginesa sobre el sistema culto entre los siglos IV y I antes de Cristo. Juan Pedro Bellón recuerda que Iliturgi partía de un culto tradicional ibérico, indígena, influenciado por las ideologías del mediterráneo, que hacia el siglo III, una vez que lo púnico cobra interés, vira hacia la ideología y tradición cartaginesa para, finalmente, introducir el sistema de culto y la liturgia romana una vez que se produce la invasión.

El investigador subraya que este no es un proceso mecánico y lineal en el que una etapa finaliza para dar entrada a otra, sino que se conforma como procesos ideológicos y políticos en los que la cultura ibérica “asume unas cosas pero no otras. Por ejemplo cuando se siente más atacada por el sistema romano recupera algunas tradiciones antiguas. Incluso después, una vez destruida Iliturgis, Roma negocia con las élites locales y esa aristocracia indígena también despliega este juego”, de modo que conviven tradiciones indígenas con el sistema de culto romano.

La tercera perspectiva que aborda el proyecto es la evolución del paisaje, porque el territorio no es estático, sino que cada cultura lo somete y domestica. Juan Pedro Bellón indica en este sentido que Iliturgi en el siglo IV era una gran ciudad rodeada por un espacio despoblado. Sin embargo, con la llegada de los romanos, disfrutó de varios estatus que no pasaron inadvertidos en el territorio. Recuerda, por ejemplo, que al ser considerada colonia romana se asentaron ciudadanos itálicos -procedentes de la península itálica-, a los que se le adjudicaron lotes de tierra. “Esto es algo que necesariamente se tiene que reflejar en el paisaje porque tienen que hacerse parcelaciones, se construyen casas en el campo y, en definitiva, el paisaje se modifica.”

El equipo está reuniendo cartografías y fotografías antiguas de la zona que permiten un primer avance sobre la evolución paisajística. En este sentido, las imágenes del primer vuelo de un avión sobre la zona en los años 40 permiten apreciar grandes estructuras que posiblemente pertenecían a edificios públicos romanos que, desde la segunda mitad del siglo XX, han desaparecido previsiblemente a consecuencia de la mecanización del campo. “Hasta los años 50 no había tractores ni palas mecánicas” recuerda Juan Pedro Bellón.

El primer hito que se marcan los arqueólogos es la excavación de una serie de torres construidas con grandes sillares que se presupone que pudieron tener una función fronteriza “aunque tendremos que ver para qué se construyeron y cómo funcionaban”. No obstante, el reto, es “delimitar Iliturgi”. La ciudad y su muralla están bien definidas y situadas, pero no su territorio. “No sabemos hasta dónde llegaba políticamente. Creemos que hasta el Alto Jaén y Puente del Obispo, pero no tenemos la certeza”.

El grupo utilizará la metodología investigación desplegada por el Instituto de Arqueología Ibérica en la batalla de Baécula, donde se ha combinado la información proporcionada por las fuentes documentales con el rastreo del terreno para localizar tachuelas de sandalias, monedas y puntas de flecha entre otros restos metálicos para poder situar sobre una extensión de 400 hectáreas los movimientos de las tropas de Escipión y Asdrúbal y el desarrollo de la batalla.

El equipo universitario, por otra parte, ha alcanzado un acuerdo con el Ayuntamiento de Mengíbar para hacer la carta arqueológica del municipio. “En el Instituto de Arqueología Ibérica no queremos ser ajenos a la realidad. Cada vez que hacemos un trabajo de campo nos ponemos en contacto con las autoridades locales entre otros motivos porque entendemos que el patrimonio arqueológico es un recurso”. En este sentido, la carta arqueológica es un instrumento importante de planificación y ordenamiento tanto para proteger el legado arqueológico, como para extraerle el mayor rendimiento social posible