domingo, 24 de enero de 2016

Científicos desvelan el misterio de los entierros romanos sin cabeza


Un análisis genético practicado a los restos humanos de entre los siglos II y IV desenterrados en un antiguo cementerio de la ciudad inglesa de York ha permitido asociar uno de los esqueletos a las antiguos pobladores de Oriente Medio (en concreto a los habitantes de Jordania, Palestina y Siria). Las otras seis personas sepultadas eran de origen céltico, probablemente galés, establecieron los científicos.

La detallada investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista ‘Nature Communications‘, partió de una insólita peculiaridad de un grupo de sepulcros donde las calaveras yacían separadas de la columna vertebral. De ellos un colectivo interdisciplinario de científicos seleccionó las siete osamentas que presentaban mejor grado de conservación para tomar muestras de tejidos óseos.

En todos los restos examinados el análisis forense reveló señales de palizas y mordeduras. Sin embargo, pese a que a las personas sepultadas les habían cortado la cabeza, los cráneos en sí estaban en muy buena condición, por lo que los investigadores decidieron extraer muestras de material genético de los huesecillos del oído medio, altamente densos.

A partir de los datos recobrados se pudo determinar que todos los esqueletos pertenecían a hombres que probablemente fueron gladiadores o legionarios. Para ambas profesiones los romanos solían contratar (o esclavizar) a la población local de las distintas provincias del Imperio, recuerda el resumen publicado.

Una vez secuenciado el genoma de cada uno de los siete esqueletos, se logró asociarlo con distintas ramificaciones de la raza humana a partir de las bibliotecas de ADN anteriormente acumuladas. Los genetistas incluso fueron más allá y no solo establecieron el origen y la posible profesión de las personas enterradas; además sacaron varias conclusiones sobre la migración y la continuidad étnica en Gran Bretaña.

Así, seis genomas (a excepción del del ‘inmigrante’) resultaron semejantes a los que tiene la población celta británica moderna, especialmente de Gales, pero divergen significativamente del de la población actual del condado de Yorkshire y de todas las muestras conocidas del este de Inglaterra. También muestran similitud con los genomas de británicos de la época prerromana, pero se diferencian del posterior genoma anglosajón, lo que confirma la continuidad de la población aborigen hasta la invasión anglosajona.