lunes, 31 de octubre de 2016

ABC:El enigma del gran guerrero griego que fue enterrado en Málaga en tiempos de los fenicios


¿Qué hacía un guerrero griego en la ciudad fenicia de Malaka? En 2012 apareció una tumba durante una excavación de control previo a unas obras en la calle Jinetes, en pleno centro de la ciudad. Es del siglo IV a. C. y se calcula que estaba extramuros de la ciudad fenicia, sobre un promontorio.

Aquel resultó ser un yacimiento único,una vez explorado, porque fue excavado y construido con sillares perfectamente trabajados -nada habitual en las tumbas fenicias- y es hoy una pieza central en el relato del nuevo museo.

Era un soldado griego o un fenicio que adquirió esas armas. Sea cual fuera el caso, aquel hombre de mediana edad cuyos restos estaban en la tumba debió ser muy importante para merecer tal enterramiento. El museo incorpora con este y otros muchos elementos los frutos de las excavaciones e investigaciones de los últimos años en la zona.

Pero Málaga y su nuevo museo muestran al menos otras dos tumbas únicas de la época. Una es extremadamente rara: una tumba pozo, un caso sin comparación en el mundo fenicio, que tiene en el centro el delicado alabastrón que portaba las cenizas. Para encontrar la otra es necesario aventurarse en la planta baja del museo, porque se muestra en el almacén visitable (digno de verse, pues está lleno de muestras de las distintas colecciones, eso sí, dispuestas en orden de almacén). La planta de esta tumba parece de la que se llama de «piel de toro», pero aún se está investigando. Fue excavada por la malagueña Nerea Arqueología y demuestra que bajo el asfalto permanece nuestra historia.

domingo, 30 de octubre de 2016

National Geographic:China pudo recibir influencia de Occidente mucho antes de la llegada de Marco Polo


40 años después del hallazgo del ejército de figuras de terracota de Xian, los arqueólogos siguen desvelando nuevos datos del misterioso reinado del primer emperador de China, QinShi Huangdi. Según nuevos hallazgos desvelados conjuntamente por National Geographic Channel y la BBC, los occidentales podrían haber llegado a China en torno a siglo III a.C, unos 1.500 años antes de que Marco Polo explorara el país asiático.

Los cerca de 8.000 soldados de terracota dispuestos en formación a un kilómetro y medio de la tumba del emperador están esculpidos con todo lujo de detalle. De hecho, no hay dos iguales, una característica inusual en la China de aquella época, en la que las tallas de las figuras eran muy sencillas y no medían más de 20 centímetros de longitud.

Según Li Xiuzhen, arqueólogo del Museo del Mausoleo del Emperador Qin Shihuang, las estatuas de acróbatas circenses halladas recientemente en la tumba del primer emperador probarían una influencia que pudo haber llegado de fuera de China. Una hipótesis compartida por Lukas Nickel, catedrático de Historia del Arte Asiático en la Universidad de Viena, quien afirma que "artesanos griegos podrían haber estado en las tierras del primer emperador de China formando a los escultores locales un siglo después de Alejandro Magno".

ADN europeo
Otras figuras halladas en las últimas excavaciones del mausoleo, como unas aves de bronce muy similares a las que se elaboraban en la antigua Grecia y Egipto mediante la técnica de la cera perdida, apuntan hacia la misma hipótesis. Además, los científicos han encontrado ADN mitocondrial específico de los europeos en restos humanos desenterrados en la provincia de Xinjian, en el noroeste del país, datados de la misma época del primer emperador de China.

Los científicos han inspeccionado los terrenos que bordean la tumba del primer emperador con ayuda de sensores remotos y radares de última tecnología y han desvelado un sorprendente hallazgo: el complejo funerario mide unos 98 kilómetros cuadrados, casi el doble de lo que se pensaba. En el centro se encuentra el túmulo donde se fue construida la tumba, todavía sellada, alrededor del cual se han encontrado fosas comunes donde habían sido enterrados los trabajadores y artesanos que murieron en los tres decenios que se necesitaron para construir el complejo.

El misterio de las concubinas asesinadas
Algunas de las cerca de 90 tumbas que rodean el túmulo han sido desenterradas recientemente. Para sorpresa de los arqueólogos, todas ellas estaban vacías. Sin embargo, han encontrado restos humanos esparcidos junto a perlas y piezas de oro, con lo que los expertos deducen que podrían haber pertenecido a concubinas de la corte. El historiador Sima Qian explicaba un relato del siglo I a.C que el segundo emperador de China, Huhai, quien usurpó el trono a su hermano mayor, se aseguró la erradicación de cualquier oposición a su mandato asesinando a sus hermanos y las concubinas de su padre, a quienes hizo enterrar en el complejo funerario de su progenitor. Pero ¿por qué descuartizarlas? Algunos expertos especulan con la idea de que una de esas concubinas hubiera dado a luz a un hijo del primer emperador que pudiera permanecer escondido en un lugar secreto esperando su oportunidad para acceder al trono. Una sospecha de tal calado habría conducido a Huhai a cometer tal escarmiento como medida de advertencia. Sea como fuere, serán las nuevas excavaciones las que arrojen luz sobre estos macabros sucesos.

sábado, 29 de octubre de 2016

Spintria, las monedas sexuales de la Antigua Roma


La sociedad romana era, al parecer, muy promiscua, así lo relatan la mayoría de historiadores. Por ello, no es de extrañar que existiera una especie de kamasutra numismático. Su nombre era Spintria o Spintriae (en plural), unas monedas que los romanos usaban para pagar sus favores sexuales a las prostitutas y que representaban actos o símbolos sexuales.

Estas monedas sexuales (no oficiales ni acuñadas por el estado) podrían haberse usado para pagar en los lupanares romanos a las prostitutas que no hablaban el idioma oficial (latín) o simplemente por facilitar el servicio, ya que las mismas evocaban distintas escenas o actos sexuales, ya fuese una felación, una penetración anal o cualquier otra postura sexual.

Estas fichas del deseo representan en una de sus caras una escena sexual tremendamente realista y gráfica, y en la otra un número que abarcaba desde el I al XVI, probablemente el precio asignado para cada uno de los actos (16 ases = un antiguo denario de plata).

Algunos historiadores opinan que estas monedas fueron acuñadas únicamente bajo orden del emperador Tiberio (dado su exacerbado apetito carnal), para utilizarlas en sus juegos sexuales y que no tuvieron, por tanto, mucha circulación en la sociedad romana salvo en el siglo I d.C.

Noticia IDEAL:Las primeras Jornadas del Mundo Antiguo 'Sit Tibi Terra Levis' contaron con más de 4.000 participantes


Tras el cierre del programa de actividades y el desmontaje de la exposición de 'Máquinas de guerra romanas', exhibida en el Museo Arqueológico 'Casa Mudéjar' de Úbeda a lo largo de dieciséis días, la organización ha evaluado los datos de participación de las primeras Jornadas del Mundo Antiguo 'Sit Tibi Terra Levis'. La valoración ha sido positiva, ya que en total fueron más de 4.000 personas las que tomaron parte en las diferentes propuestas que se llevaron a cabo entre el 1 y 16 de noviembre.

Una de ellas fue la mencionada exposición, que recibió a grupos de centros escolares de varios municipios como Baeza o Linares, además de Úbeda. Más de 300 alumnos pudieron disfrutar de la visita guiada acompañada de las explicaciones didácticas por parte de los miembros del Grupo de Recreación del Certamen de Novela Histórica y ver las réplicas de un 'escorpión' o un 'onagro', elementos defensivos o de ataque utilizados por las legiones romanas.

Los combates de gladiadores, en sus dos sesiones de viernes y sábado, congregaron a más de 1.000 personas, a las que hay que sumar los asistentes a las diferentes charlas y actividades programadas que se sucedieron durante los días 7, 8 y 9 de octubre.


En particular, la organización resalta el interés que suscitó la ponencia sobre el yacimiento arqueológico de Ciudad Salaria y la correspondiente ruta de senderismo para visitarlo, 'En busca de Salaria'. Esta última actividad pretendía poner el foco sobre el poco conocido pero rico patrimonio arqueológico con el que cuenta la ciudad de Úbeda y su término municipal, y cumplir así con uno de los objetivos de las jornadas.

Los resultados alientan a los organizadores a pensar ya en una nueva edición para el año 2017 y a trabajar en una programación que siga cosechando el interés de los ubetenses por su patrimonio y la historia.

viernes, 28 de octubre de 2016

La Junta promoverá la difusión e investigación de los castros prerromanos salmantinos


El portavoz de Cultura y Turismo del Grupo Socialista en las Cortes, José Ignacio Martín Benito, ha manifestado su satisfacción porque todos los grupos de la Cámara hayan aprobado la enmienda por la que las Cortes instan a la Junta de Castilla y León a la difusión e investigación de los castros de los pueblos prerromanos de la Comunidad.

El Partido Popular pretendía que la Junta pusiera en marcha un Sistema Territorial del Patrimonio que se centrara solo en los castros cántabros y astures. Esto, a juicio del PSOE, significaría reducir la propuesta a las provincias de León, norte de Palencia y Burgos y una parte de Zamora.

Martín Benito ha argumentado que siendo meritoria y plausible la iniciativa popular, esta debía extenderse también a los castros de otros pueblos prerromanos, como los arevacos, vacceos y vettones, que se extiende por las provincias de Ávila, Segovia, Soria, Valladolid, Palencia, Zamora y Salamanca.

El portavoz, que subrayó la importancia de estos enclaves, sostuvo que este tipo de yacimientos son muy vistosos para los visitantes, por el sistema defensivo compuesto por murallas, campos de piedras hincadas, fosos y otras estructuras y que, además, su puesta en valor contribuye a establecer iniciativas ligadas al turismo cultural en el mundo rural de Castilla y León.

Castro de Irueña

A este respecto recordó el incipiente proyecto de puesta en valor del castro vetton de Irueña (Fueneguinaldo), en la comarca de Ciudad Rodrigo, donde la Junta ha iniciado labores de desbroce y recuperación de elementos arqueológicos, como la muralla o los verracos –esculturas- del yacimiento, entre ellos la célebre “yegua de Irueña”. Subrayó también la labor de la iniciativa ciudadana, como la de la Asociación Cultura Amigos del Castro de Irueña, que organiza visitas guiadas al yacimiento.

Martín Benito recordó que en las tres últimas legislaturas el grupo socialista ha presentado cerca de una veintena de iniciativas ligadas con la promoción y difusión de los castros prerromanos de las provincias de la Comunidad y sugirió, finalmente, que la Comisión de Cultura de las Cortes visitara alguno de estos castros 

jueves, 27 de octubre de 2016

Arrancan las obras de restauración del Templo Romano de Córdoba


Las columnas del Templo Romano forman parte inseparable del magnífico paisaje urbano de la ciudad de Córdoba. A pesar de formar parte de los circuitos habituales, son pocos los turistas que no pasan en alguna ocasión durante su visita a la ciudad califal bajo los capitales corintios de este hermoso edificio romano. Incluso los modernos habitantes del templo, una colonia de gatos callejeros, han pasado a ser una atracción más que los turistas y los cordobeses contemplan con agrado. Las últimas investigaciones apuntan a que este hermoso templo pudo haber estado consagrado a los emperadores Tito y Vespasiano, un gesto de respeto de los habitantes de la antigua Colonia Patricia hacia la dinastía que llegó al poder en el año 68 d.C. tras la caída de Nerón.

Con el objetivo de restaurar los restos del templo y dotar a la estructura de un centro de interpretación, el ayuntamiento de Córdoba ha iniciado un proyecto que durará seis meses y que tendrá al Templo Romano de Córdoba rodeado de andamios y grúas. Una vez finalicen las obras, el templo contará con una plataforma sobre la que los visitantes podrán pasear a la misma altura que lo hacían los romanos que conocieron el edificio en todo su esplendor. Además, se colocarán en su lugar diversos restos del friso y el arquitrabe que habían quedado deteriorados por el paso de los siglos. Las columnas corintias que son signo de identidad de este monumento serán limpiadas y restauradas para devolverles su belleza marmórea. Además de todo esto, se construirá un centro de interpretación subterráneo que estará comunicado con el recinto del templo, y que albergará paneles explicativos y expositores con los restos más delicados que no se puedan reintegrar en el cuerpo del templo. El proyecto de construir un centro de interpretación existe desde los años sesenta, pero sólo ha podido ponerse en marcha ahora debido a problemas de presupuesto.

El último paso del proyecto, y sin duda el que ofrecerá unos resultados más espectaculares, es la digitalización en 3D de las piezas más importantes de este recinto arqueológico. Tal y como están haciendo en numerosas instituciones, los responsables del Templo Romano de Córdoba se suman de este modo al uso de las nuevas tecnologías para digitalizar parte de su patrimonio, una decisión que ayudará a divulgar el conocimiento de este monumento y facilitará la labor de los investigadores.

miércoles, 26 de octubre de 2016

ABC:La tumba de Alejandro Magno, el rompecabezas que tampoco Napoleón supo resolver


La localización de la tumba del gran conquistador de la Antigüedad resulta uno de los casos más misteriosos de la arqueología mundial. No tanto por lo que puede haber en su interior, como por el hecho de que durante siglos su ubicación era archiconocida. La visitaron emperadores, reyes, gobernantes y grandes personajes hasta que, mientras se venía abajo el Imperio romano, se le perdió el rastro para siempre.

Alejandro cayó enfermo el 2 de junio del 323 a. C. tras un banquete en Babilonia donde había bebió grandes cantidades de vino. Durante casi dos semanas, Alejandro padeció fiebre alta, escalofríos y cansancio generalizado, unido a un fuerte dolor abdominal, náuseas y vómitos. El 13 de junio, cuando le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años de edad, falleció el dueño de media Asia sin dejar un heredero claro.

Durante dos años sus compañeros se empeñaron en construir un mausoleo de oro macizo con la figura en relieve del Magno. La estructura contaba en sus extremos con columnas jónicas de oro y en sus laterales incluía escenas de la vida del general. En el palio de púrpura bordada se encontraba expuestos el casco, la armadura y las armas del macedonio. Una vez finalizado, el mausoleo fue transportado desde Babilonia hacia Macedonia por 64 mulas que completaron un recorrido de 1.500 kilómetros. Sin embargo, los restos mortales nunca lograron alcanzar su lugar de nacimiento.

La guerra abierta entre los sucesores de Alejandro Magno fragmentó el imperio del macedonio y entregó la parte Egipcia a Ptolomeo, que se declaró a sí mismo Rey de Egipto. Mientras el cortejo fúnebre con los restos de Alejandro se dirigía a Macedonia, Ptolomeo se apropió de ellos y se los llevó a Egipto. En un principio, adaptó una tumba vacía que había sido preparada para enterrar al último faraón nativo de Egipto, Nectanebo II, y trasladó los restos del que fuera su general a una capilla dentro del templo del Serapeo de Saqqara, en la necrópolis de la antigua Menfis. La grandilocuente tumba se encontraba al final de una larga avenida de esfinges.

Una parada para los emperadores que se perdió
Al hijo de Ptolomeo, Ptolomeo II, no le parecía suficientemente lustrosa la localización y trasladó la tumba de Alejandro de Menfis a Alejandría (la más famosa de las 50 Alejandrías fundadas por el conquistador). Así creó un estructura monumental conocida como el Soma para el descanso del macedonio y el de su propia dinastía. El sarcófago era en su origen de oro, si bien Ptolomeo IX lo reemplazó por cristal debido a necesidades económicas e incluso es posible que cambiara su ubicación de nuevo. Allí lo halló Julio César cuando peregrinó a la tumba de su héroe de juventud. En el año 48 a. C, el romano llegó a Alejandría, después de haber perseguido a su enemigo Pompeyo, y tuvo ocasión de ver los restos.

Su heredero político, César Augusto, también visitó la tumba en un acto plagado de propaganda. Cuando las dignidades griegas que le acompañaban le ofrecieron visitar las tumbas de los reyes Ptolomeos, el primer ciudadano de Roma les recordó que él no había ido a ver muertos sino a un rey. Ordenó que fueran sacados los restos de Alejandro de su tumba, adornando el cadáver con flores y una corona de oro. Según las fuentes del periodo, cuando Augusto estiró la mano para tocarle la cara a Alejandro le rompió de forma accidental un pedazo de nariz.

A partir de entonces, la visita de los emperadores de Roma a la tumba de Alejandro se convirtió en «protocolaria». Algunos, como Cayo Calígula, que la conoció en un viaje con su padre de niño, se apoderaron de distintos objetos presentes (en su caso de la coraza de Alejandro). Por el contrario, Septimio Severo ordenó sellar el acceso a la tumba al ver lo poco protegida que estaba, en el año 200 d. C. La última supuesta visita fue la del emperador romano Caracalla, en 215, que afirmó haber sido poseído por el espítitu de Magno.

Con la decadencia del Imperio romano, Alejandría se vio azotada por distintos saqueos y revueltas, que terminaron por perder el rastro de la tumba del general. Si bien hay evidencias de que todavía en el siglo IV la tumba seguía en su lugar original, no se puede constatar que saliera intacta en el 365 del gran terremoto seguido de un tsunami gigantesco, que provocó estragos en las regiones costeras y ciudades portuarias de todo el Mediterráneo oriental. En Alejandría los barcos fueron levantados hasta los tejados de los edificios que quedaron, lo que hace probable la destrucción del mausoleo del Soma.

A partir de ese momento se perdió el rastro a la tumba, ya fuera porque fue destruida en el terremoto o en los saqueos que acompañaron los años finales del Imperio romano. No así a los restos mortales del conquistador. Libanio de Antioquía mencionó en un discurso dirigido al Emperador Teodosio, que el cadáver de Alejandro estaba expuesto en Alejandría de forma pública. Probablemente fue retirado y separado del sarcófago, lo que explicaría que la expedición de Napoleón lo hallara vacío en el siglo XIX.

La devoción por estos restos finalizó de forma abrupta cuando Teodosio publicó una serie de decretos para prohibir el culto a los dioses paganos, entre los que destacaba Alejandro. Aquí se perdieron también los restos.

Una búsqueda obsesiva entre los arqueólogos
En la célebre expedición que Napoleón condujo en 1798, se descubrió un antiguo sarcófago vacío situado en una capilla en el patio de la mezquita Atarina en Alejandría. Los lugareños aseguraban, basándose en la creencia medieval de que el gigantesco sarcófago se había quedado limitado a una pequeña capilla, que se trataba de la tumba de Alejandro Magno. No obstante, los arqueólogos que acompañaban al «Gran corso» albergaba sus dudas y no fueron capaces de resolver el rompecabezas todavía vigente.

En 1801, Edward Daniel Clarke llevó el sarcófago al Museo Británico de Londres y dio pie a que Champollion descifrara los jeroglíficos. Después de que los británicos transportaron el sarcófago a Inglaterra entre 1802 y 1803, la mezquita se deterioró rápidamente, y pocas décadas después había desaparecido. No en vano, el monumento contenía una pista, una inscripción que anunciaba que el sarcófago pertenecía al faraón Nectanebo (Nectanebo II, aclararon investigaciones posteriores).

El asunto se cerró en falso sin sospechar, en ese momento, que Ptolomeo se había apoderado de la tumba de Nectanebo II (él huyó de Egipto cuando llegaron los macedonios y su tumba quedó vacía) para enterrar a Alejandro Magno. Distintos autores han insistido recientemente en que la respuesta al misterio está en esta mezquita de Atarina en Alejandría, concretamente en la costumbre de los ptolomeos por reciclar elementos arquitectónicos de sus antecesores.

Pero esta no ha sido la única teoría, siendo que la mayor parte de los esfuerzos por encontrar la tumba o los restos del conquistador se han centrado en Alejandría. El egiptólogo italiano Evaristo Breccia lo buscó casi de forma desesperada en la zona de la mezquita de Nabi Daniel (a pocos metros de donde estuvo la de Atarina) y en Kom el Dick. Todo ello sin éxito. Como explica Valerio Massimo Manfredi en su libro «La tumba de Alejandro: El enigma», el sucesor de Breccia, el arqueólogo Achille Adriani, decidió cambiar la dirección de las búsquedas hacia el cementerio latino de Alejandría, en la zona sudeste de la península del Lochias. Tampoco él logró dar con la tecla.

Fuera de la ciudad, otros estudios han buscado la tumba en el oasis de Siwa, el lugar donde Alejandro fue acogido por los sacerdotes egipcios como el hijo del dios Amón. Así como en la antigua Anfípolis, una importante ciudad del reino de Macedonia, a 100 kilómetros al este de Tesalónica, la segunda ciudad de Grecia. En este sentido, los arqueólogos anunciaron el año pasado que lo más probable es que esta tumba esté dedicada a Hefestión, el amigo más íntimo de Alejandro Magno.

Pero más allá de saber dónde está la tumba, al menos cabe preguntarse qué fue de los restos tras la prohibición de Teodosio de adorar a símbolos paganos. En 2004, el historiador británico Andrew Chugg planteó una curiosa pero poco probable teoría en su libro «La tumba perdida de Alejandro Magno». En su opinión, la venerada tumba de San Marcos en Venecia podría contener no los restos del evangelista, sino nada menos que el cuerpo de Alejandro Magno.

Sostiene este experto en el legendario rey de Macedonia que la confusión histórica sobre la suerte del cuerpo del mítico guerrero se explica porque el cadáver fue disfrazado de San Marcos para evitar su destrucción durante una insurrección cristiana. De esta forma, no fueron los restos de San Marcos (que algunas tradiciones dicen que fueron quemados) los que fueron robados por mercaderes venecianos unos cuatro siglos más tarde para devolverlos a su ciudad natal. Serían, en este caso, los restos de Alejandro Magno los que fueron llevados a Venecia.

martes, 25 de octubre de 2016

ABC:Keops, los misterios del faraón que prostituyó a su hija para pagar la Gran Pirámide


Desde que un grupo de arqueólogos del proyecto Scan Pyramids afirmaran que existe una sala oculta en la Gran Pirámide (una cámara en la que podrían estar los desaparecidos restos del faraón Keops), los misterios de esta gigantesca construcción edificada en Guiza vuelven a estar de moda.

Sin embargo, lo que tiende a olvidarse es que -además de los enigmas que ya atesora de por sí esta tumba- existen otros tantos atribuidos al monarca que la mandó edificar. Y es que, de él se dice que fue un soberano cruel y que estaba tan obsesionado con terminar su mausoleo, que llegó a prostituir a su hija para poder pagar los gastos. Una teoría que no comparte Aroa Velasco, historiadora especializada en el Antiguo Egipto y autora de la página Web «Papiros perdidos»: «Existen mucha leyenda negra en relación a Keops».


Rodeado de misterios
Poco se sabe realmente sobre Keops más allá de lo que escribió el historiador griego Heródoto (quien visitó Egipto en el siglo I a.C. para tratar de recopilar sus vivencias). Su desconocido paso por este mundo ayudó a generar ese halo de ocultismo que, desde hace miles primaveras (cuando el primer faraón Narmer tomó el poder en el 3050 a.C.), sobrevuela la historia del Antiguo Egipto.

Los datos que han logrado atravesar las perdidas arenas del desierto y llegar hasta nuestros días nos dicen que fue alumbrado a lo largo de los años finales del 2.400 a.C. con el nombre de Jufru o Jnum-Jufu. Un término este último que, para algunos investigadores como el popular José Ignacio Velasco Montes, vendría a significar «Jnum [el dios creador] me protege».



Keops fue el término griego con el que le denominó Heródoto después de haber investigado en primera persona la vida del que, a la postre, sería el segundo faraón de la Cuarta Dinastía. «Keops fue, probablemente, hijo de Snefru y Heteheres», explica Aroa Velasco en declaraciones a ABC. Su ascendencia a nivel paterno no podía ser mejor, pues su progenitor era amado por el pueblo (que lo consideraba un buen y un bondadoso gobernante) y había dirigido además varias expediciones militares exitosas contra los nubios y contra los libios. Por el contrario, su madre no era una mujer de alta cuna.

Más allá de la nobleza de sus padres (algo, con todo, básico para poder liderar al pueblo) Keops creció en un Egipto a caballo entre la III y la IV dinastía de Faraones. Un tiempo en el que la nobleza del Nilo comenzaba a cobrar importancia y se empezaba a hacer un hueco en las altas esferas de la región. «[Alrededor del rey se mantenía] una élite que, bien preparada, influía sobre la monarquía, pues deseaba asegurarse una vida, cómoda y agradable, sin necesidades en el presente y también en el ”Más Allá”. El rey era el eje del sistema y ejercía un poder “absoluto” sobre el país y las personas, las cosechas, etcétera», explica Montes en su obra.

Keops también vivió una época en la que el culto funerario había cobrado una importancia desmesurada para el desarrollo egipcio. Y es que, la obsesión de los líderes de la región de ser inhumados en mastabas primero, y pirámides después, provocó que se creara toda una economía alrededor de los enterramientos. «No eran solo ya el ajuar funerario, los sarcófagos, el lino para embalsamar, las joyas, los barcos para trasladar piedras, y un largo etcétera. Todo ello precisaba de una mano de obra especializada que, empujada por la demanda de objetos, se creaba y se multiplicaba», completa el experto.

La verdad de Keops
A la sombra de esta nueva mentalidad funeraria se crió Keops, quien vio con sus propios ojos como su propio padre construía varias pirámides (algunas de las cuales se vinieron abajo) hasta hallar una que estuviera a la altura de su grandiosidad. Al final, Snefru tuvo que hacer uso de su tumba cuando Jufru contaba (dependiendo de los historiadores) entre 23 y 27 años. Fue entonces cuando dejó este mundo para partir hacia el más allá. Su relevo político lo tomó nuestro protagonista, que inició un reinado que se extendería entre 23 años (de 2589 a 2566 a.C. o de 2551 a 2528 a.C.) y más de 40. Este campo es otro que se debate entre el misterio y la realidad.

Uno de los datos objetivos que existe sobre su reinado es que Keops se casó hasta cuatro veces. Entre sus esposas destacaron –como determina Aroa Velasco a ABC- Henutsen y Meretites I. Ambas, hermanas suyas o mediohernanas. Con ellas llegó a tener varios hijos. Una práctica, con todo, habitual entre los faraones, quienes la entendían como una forma de evitar que su linaje se manchase con sangre plebeya. «Entre sus múltiples hijos hay que reseñar a Micerinos y a Baefra», determina la historiadora especializada en Egipto.

En vida, además, se destacó como un gran líder militar. Un ejemplo de ello es que envió partidas militares fuera de los territorios de Egipto para mantener a raya a los nubios y a los nómadas que se dedicaban a atacar (de una forma sumamente molesta) a las caravanas de comercio egipcias.

Pero eso no significa, ni mucho menos, que fuera un santo. Y es que, también dirigió contingente de soldados dispuestos a extender los territorios del faraón al sur de su país. Además, reforzó las defensas ubicadas en la frontera con Nubia (principalmente una fortaleza iniciada por su padre) para evitar las amenazas constantes que sufrían los comerciantes que se desplazaban hasta la zona.

Otro de los datos verdaderos más destacados sobre su persona es que ordenó construir una gigantesca pirámide en Guiza(la futura «Gran Pirámide») para enterrarse cuando falleciera. Su construcción fue una de las grandes obsesiones del faraón, quien organizó varias expediciones militares a los alrededores de Egipto con el objetivo de conseguir ricos materiales con los que su complejo funerario pasase a la eternidad. «De [estas expediciones] hay estelas [que afirman que estuvo] en las canteras del Sinaí (buscando turquesas y otros materiales) o en Nubia (sobre todo en busca de oro)», añade Montes.

Keops también favoreció el comercio con regiones lejanas como el Líbano para poder construir con materiales exóticos el edificio que debería llevarle hasta el más allá. Algo para lo que fortaleció la ya de por sí imponente flota de buques que había construido su padre. «Más allá de estos datos biográficos, el resto son principalmente leyendas o mitos sobre su persona», añade Velasco en declaraciones en exclusiva a este diario.

Leyenda negra
Una vez comenzado su reinado, Keops pasó a la historia como un rey tirano y cruel que dirigía al pueblo con mano dura. Esta actitud contrastaba sumamente con la de su padre. Sin embargo, la realidad es que esta visión tan negativa del monarca ha llegado hasta nuestros días de la mano de Heródoto de Halicarnaso. Un historiador griego que, deseoso de recopilar la historia de los faraones, viajó hasta Egipto dos milenios después de la muerte de Jufru y se dedicó a crear un perfil de nuestro protagonista en base a los testimonios locales.

Así fue como Heródoto formó opiniones como la que afirmaba que Keops era un déspota. Algo que deja sobre papel en sus textos: «Hasta el reinado de Rampsinito, según los sacerdotes, estuvo el Egipto en el mejor orden y en gran prosperidad; pero Keops, que reinó después, precipitó a los egipcios en total miseria. Primeramente, cerró todos los templos y les impidió ofrecer sacrificios; ordenó después que todos trabajasen para él».

Herótodo, quien afirmó en sus textos que Keops reinó 50 años, se atrevió incluso a señalar que nuestro protagonista prostituyó a su propia hija para poder pagar la finalización de su «Gran Pirámide».

«A tal extremo de maldad llegó Keops que, por carecer de dinero, puso a su propia hija en el lupanar con orden de ganar cierta suma, no me dijeron exactamente cuánto. Cumplió la hija la orden de su parte, y aun ella por su cuenta quiso dejar un monumento, y pidió a cada uno de los que la visitaban que le regalara una sola piedra; y decían que con esas piedras se había construido la pirámide que está en medio de las tres, delante de la pirámide grande, cada uno de cuyos lados tiene pletro y medio».

El historiador egipcio, tal y como explica Aroa Velasco, dijo también que Keops esquilmó absolutamente Egipto con la única obsesión de terminar su gigantesca pirámide y dejar su impronta para la posteridad. Todo ello, después de haberse proclamado dios. «Se identificaba como Ra, el dios del Sol, Esto se sabe gracias a que algunos de sus hijos se llamaron “hijos de Ra”. El inauguró esta tendencia en una época en la que la religiosidad solar estaba en pleno auge. Es como, si ahora, una persona se proclamase Papa», completa la historiadora a este diario.

Rompiendo mitos
1 - ¿Era Keops un tirano?

La visión más extendida sobre Keops es la que afirma que era un déspota. Sin embargo, la realidad es que esta visión fue ofrecida a Heródoto por los sacerdotes egipcios de la época. Los herederos de aquellos religiosos a los que el monarca arrebató el poder en el momento en que sucedió a su padre. «La documentación más fidedigna nos dice que Keops centralizó el poder sobre su persona de una manera brutal y eliminó muchos de los privilegios que tenían los sacerdotes, lo que provocó gran aversión hacia él y generó una leyenda negra que ha llegado hasta hoy», señala Aroa Velasco.

Montes es exactamente de la misma opinión. El autor, concretamente, señala en su obra que Keops tomó las riendas del país con «mano dura» hacia el clero, pues sustituyó a muchos de los sumos sacerdotes de Egipto para poner, en su lugar, a familiares de su confianza o personas afines a él.

«Fue un rey rígido que no permitió que el gremio le utilizara, sino que los colocó en su sitio. Posiblemente recuperara una gran parte del poder que estaba en manos del clero y, sobre todo, debió recoger gran parte de las riquezas, exageradas, que tenían en cientos de templos a lo largo de todo el Nilo», determina el experto.

Keops, de hecho, cargó contra los sacerdotes no solo de forma económica, sino también a nivel religioso. Más concretamente, afirmó que él era el máximo exponente religioso de Egipto gracias a su divinidad. Esta forma de entender el culto aumentó, todavía más si cabe, las tensiones existentes entre el faraón y templos destacados como los dedicados a las divinidades de Path y On. «Keops adopta una actitud muy especial sobre estas influencias y resuelve las situaciones a su modo. Para ello inicia una etapa de nepotismo familiar y de amistades fiables», destaca Montes.

2-¿Llevó Keops a Egipto a una crisis económica brutal?

Según Aroa Velasco, nada más lejos de la realidad: «Es una leyenda que escribió Heródoto y que, posteriormente, han ido replicando los historiadores. La documentación fidedigna nos dice que no esquilmó Egipto. De hecho, sus sucesores pudieron construir dos pirámides más después de su muerte. La realidad es que Keops fue un muy buen administrador que concentró mucho el poder en su persona».

Al final, se podría decir que este faraón hizo algo que, posteriormente, se generalizaría: dedicar todos sus esfuerzos y los del pueblo egipcio a edificar un monumento funerario que pasaría a la historia. Algo que ya había hecho su padre.

3-¿Prostituyó a su hija para pagar la Gran Pirámide?

Es imposible corroborar esta leyenda, aunque es cierto que la pequeña pirámide que se halla cerca de la de Keops (la que presuntamente se habría construido con cada una de las piedras que los clientes del prostíbulo habrían ofrecido a la hija del faraón) parece pertenecer a una hermanastra de Jufu. Velasco entiende que todo es una invención de los sacerdotes en un nuevo intento de volver negro el recuerdo de Keops.

4-¿Se identificaba Keops con un dios?

El último mito sobre Keops es el que afirma –como ya hemos explicado- que instauró un culto propio. Son varios los autores que corroboran este hecho. Sin embargo, otros tantos no están de acuerdo.

La primera opción es la más aceptada. De hecho, algunos expertos como el profesor especialista en egiptología Robert M. Schoch determinan que se llegó a considerar el nombre de este faraón como sinónimo de santidad y buena suerte. Incluso se llegó a escribir en las tumbas de los fallecidos como «símbolo de santidad y protección». Sin embargo, también señala que esta religión centrada en el monarca cayó en desuso «durante el Imperio Medio y Nuevo».

El enigma de la pirámide
Además de por todos sus misterios anteriores, si por algo destacó Keops fue por ordenar edificar la Gran Pirámide. Una tumba de gigantescas proporciones (una de las antiguas 7 maravillas del mundo) levantada en la meseta de Guiza. Este mausoleo, sin embargo, guarda a día de hoy multitud de enigmas. Muchos de ellos, avivados de forma absurda por los seguidores de lo oculto.

El primero de ellos viene heredado, una vez más, desde los tiempos de Heródoto. Y es que, cuando este historiador visitó Egipto, fue informado por los sacerdotes de que el faraón había tardado solo 20 años en finalizarla.

«Los unos tenían orden de arrastrar piedras desde las canteras del monte Arábigo hasta el Nilo; después de transportadas las piedras por el río en barcas, mandó [Keops] a los otros recibirlas y transportarlas hasta el monte que llaman Líbico. Trabajaban por bandas de cien mil hombres, cada una tres meses. […] Para construir la pirámide, se emplearon veinte años […] En la pirámide está anotado con letras egipcias cuánto se gastó en rábanos, en cebollas y en ajos para los obreros; y si bien me acuerdo, al leerme el intérprete la inscripción, me dijo que la cuenta ascendía a mil setecientos talentos de plata», determina Heródoto.

Según algunos estudios, es imposible que únicamente se tardaran 20 años en construir la pirámide de Keops, así como los edificios colindantes y el camino de piedra que da acceso a la misma. Y es que, de ser cierto las jornada habrían sido maratonianas y tendrían que haber trabajado cientos de miles de hombres (algo imposible, según se dic,e para la época por la falta de mano de obra) Por ello, se ha barajado la posibilidad de que los egipcios no construyeran esta tumba, sino que se la hubieran encontrado y, posteriormente, hubiera sido reutilizada por el faraón.

Sin embargo, hace pocos meses se desveló al mundo en el museo de El Cairo un papiro que, por primera vez en la historia, destrozó este mito. ¿La razón? Que en él, un inspector de obras llamado Mener detallaba pormenorizadamente la forma en la que se construyó la Gran Pirámide durante el mandato de Keops.

Así lo afirmaron, al menos, los arqueólogos Pierra Tallet y Gregory Marouard. Las anotaciones fueron realizadas en el año 27 del reinado de Keops. «Los faraones comenzaban a contar los años desde el momento en que empezaban a reinar», explica Aroa Velasco a ABC. Además, la experta nos ofrece su opinión en relación a esta disputa: «Tardaron poco tiempo en construirla porque eran antiguos, pero no tontos. Tenían conocimientos muy avanzados en geometría, astronomía y matemáticas».

El faraón perdido
Además del misterio de la construcción de la Gran Pirámide, Keops dejó un enigma más después de morir. Y es que, cuando los arqueólogos entraron en la tumba, no hallaron la momia del faraón en ninguna de las tres cámaras de la edificación (la del rey, la de la reina o la subterránea). Como explicación se han barajado varias teorías. Entre ellas, la que afirma que existe una cuarta sala en la que se encuentran los restos del gobernante acompañados de un gigantesco tesoro. Algo que apoya Zahi Hawass, ex ministro de Antigüedades de Egipto.

Con todo, la idea más extendida es que los cazadores de tesoros lograron acceder a la Cámara del Rey desde la parte superior de la pirámide y, tras descolgarse, expoliar la sala. A su vez, algunos arqueólogos mantienen que la momia de Keops fue sustraída por estos ladrones.

«Heródoto, durante su viaje, ya afirmó que la momia no estaba dentro de la pirámide. Él explicó que se había ordenado la construcción de una meseta subterránea para enterrar al faraón. A partir de ese punto, las teorías son muchas Y todas se basan en que hay un gran sarcófago vacío en la cámara del rey que fue puesto durante la construcción de la pirámide, pues es más ancho que los corredores. La idea más extendida es que la pirámide fue abierta por los musulmanes en los siglos X y XI, aunque otros dicen que fue saqueada incluso antes. Personalmente soy partidaria de esta última. En el Valle de los Reyes, de las dinastías XVIII a XX, las tumbas se saqueaban nada más enterrar al faraón. ¿Por qué en estas no se iba a hacer algo parecido?», añade Velasco a este diario.

Una pregunta a Aroa Velasco: ¿Cómo se construyeron las pirámides?

«Teorías que explican cómo fueron construidas las pirámides hay de todo tipo. No se sabe muy bien como se llevaron a cabo porque no ha quedado ningún texto o relieve que nos lo explique».

«El surgimiento de varias hipótesis se debe a que los investigadores no se creen que los egipcios, en una sociedad tan antigua, pudieran llevar a cabo este tipo de edificaciones cuando no disponían ni siquiera de la rueda».

«La mas habitual es la de las rampas incrementadas. Esta afirma que alrededor de la construcción iban añadiendo rampas de tierra para subir los bloques. Una varias. Otra señala que se realizaron con una serie de gradas de madera sobre las que se subían los bloques. También destaca la que habla de que usaban trineos de madera mediante los que desplazaban las piedras».

«Estas teorías se pueden aplicar a todas las pirámides. Pero la de Keops es un caso todavía más misterioso debido a que es la más grande que existe y apenas hay información sobre ella».

La Valencia sepultada


En el mundo romano precristiano las lápidas mortuorias solían mostrar las siglas STTL, correspondientes a las iniciales de la locución latina 'Sit tibi terra levis'. Los allegados al difunto en cuestión expresaban a través de ese epitafio un póstumo deseo al fallecido: Que la tierra te sea leve. Con la llegada del cristianismo adquirió protagonismo el 'Requiescat in pace', llevado al castellano como Descanse en Paz. Les cuento lo de aquella primigenia expresión latina porque, además de ser un fino ejemplo de la perspicacia romana, se adapta como anillo al dedo al tema de la semana: los restos de Valencia a los que la tierra les ha sido leve. El ejemplo más reciente lo conocemos por el casual hallazgo de una bodega de finales del siglo XV o principios del XVI bajo la antigua fábrica de Bombas Hidráulicas Carlos Gens S.L., ubicada en los números 54 y 56 de la avenida Burjassot. Cuál sería la sorpresa del arquitecto Eduardo de Miguel, cuando la pasada semana advirtió que bajo los muros de la fábrica de estilo 'art decó' que está rehabilitando, se encontraba una estructura de casi 40 metros cuadrados con cerca de cinco siglos de antigüedad en perfecto estado.

Las diversas culturas que han habitado nuestra ciudad han dejado huellas particulares de su existencia y la tierra, en algunos casos, ha sido ligera. La que menor impronta ha legado es la musulmana, tan presente en la cultura, en los topónimos y en la gastronomía, entre otros aspectos. Quizá no tanto por el peso de la tierra, sino por el esmero de Jaime I en borrar sus trazas. Exceptuando este caso, un atento paseo por Valencia y alrededores permite adentrarnos en trazados romanos, en construcciones visigóticas, en baños y bodegas medievales, en pequeños comercios y grandes depósitos de la Edad Moderna, o mucho más recientes, en refugios de la Guerra Civil.

Qué mejor manera que empezar por el principio. Muchos sabrán que Valencia fue fundada el 138 a.C., y que su kilómetro cero se ubicó en la actual plaza de la Almoina, aunque una destructiva guerra civil pocas décadas después de la fundación la sumió en el abandono. Fue en el inicio de la era cristiana cuando Valencia se reconstruye y empieza a crecer. Ese núcleo urbano consolidado, para ser exacto sus cimientos, pueden admirarse en el Centro Arqueológico de la Almoina, cuya excelencia contrasta con el escaso eco que goza. Sin duda es uno de los mejores centros arqueológicos de Europa, donde además del trazado urbano podemos admirar restos de un santuario de Asclepios, un 'horreum' (almacén de productos alimenticios) y unas termas. Resulta sencillo dejarse llevar por la imaginación e integrarse en la Valentia todavía pagana, cuando las carreras de carros eran uno de los deportes más populares. Aquellas competiciones inmortalizadas por Charlton Heston se realizaban en nuestra ciudad en el circo, la construcción más grandiosa de Valencia y de la que todavía se conservan algunos vestigios. El más notable está debajo del patio de San Juan del Hospital, allí, bajo una humilde trampilla, se esconde una escalerilla pétrea que lleva a la espina del circo, la columna vertebral que articulaba las carreras. Algunos restaurantes de la zona ostentan otros fragmentos de esa estructura. Por si fuera poco, recientemente han salido a la luz nuevos restos de aquella época. Se encuentran en el recorrido subterráneo del Museo de la Catedral.

Viajamos en el tiempo y llegamos al siglo VI. El imperio romano había pasado a la historia por diversas causas, una de ellas, por el empuje migratorio de los pueblos godos procedentes de Escandinavia y de Europa del Este. De la Valencia visigótica se conserva socavada la llamada Cripta Arqueológica de la Cárcel de San Vicente mártir, que en realidad corresponde a una capilla funeraria erigida en el siglo VI, probablemente conectada con la antigua Catedral de Valencia. Está en la Plaza del Arzobispo, y fue levantada por un obispo con el fin de construir su eterna morada. Flanqueada por dos líneas de canceles de hermosa factura se halla la tumba del prelado. A principios del siglo XI el espacio fue sepultado con tierra y escombros. Ha permanecido sepultado durante casi diez siglos. De aquella época se mantienen otros restos en el Centro Arquelógico de la Almoina donde podemos rastrear los escasos recuerdos todavía vivos de la etapa musulmana. Mayores dudas históricas suscitan las celebérrimas cárceles de San Vicente y de San Valero.

Meses atrás dimos cuenta del 'celler' ubicado en la calle Baja del barrio del Carmen, parece que del siglo XIII, levantado tras la reconquista cristiana, y donde pueden degustarse unos vinos contemplando bajo los pies un espacio con funcionalidad similar ocho centurias atrás. Esta semana conocíamos otra bodega, esta del siglo XV o XVI, bajo el pavimento de la antigua fábrica de Bombas Gens.

Los diversos estratos que se han ido superponiendo conforman el libro de nuestra historia, cuya última página es el suelo que pisamos. Con un mínimo interés, no es difícil leer algunas páginas previas.

En pleno corazón comercial de la capital merece la pena detenerse en 'les Covetes de Sant Joan'. Fueron excavadas entre 1700 y 1702 bajo el mirador de la fachada barroca de la iglesia de los Santos Juanes, frente a la Lonja. En principio se trataba de pequeños establecimientos comerciales cuyos beneficios repercutían en la parroquia. Aunque son tradicionalmente conocidas porque confirieron el núcleo de las chatarrerías y las tiendas de viejo, fueron también punto neurálgico de las transacciones comerciales artísticas. No deja de ser llamativo que estas cuevas de enorme tradición histórico-artística, afrontadas frente al acceso principal de uno de los emblemas de la ciudad estén en pleno abandono. Por cierto, la misma Lonja presenta unos sótanos abovedados que sirvieron de almacén con una comunicación externa que facilitaba el transporte de la mercancía sin tener que recorrer todo el edificio. También excavada en el suelo se presenta la actual sede del Museo de Historia de Valencia, conformado en el antiguo y primer depósito de aguas de Valencia. Construido a mediados del siglo XIX, es una de las referencias de la arquitectura industrial valenciana que fue diseñada por los arquitectos Ildefons Cerdà y Leodegario Marchessaux a partir de un diseño original de Calixto Santa Cruz. Es una estructura de 2600 metros cuadrados cubierta primitivamente con bóvedas de ladrillo que distribuían su carga en 250 pilares. El progresivo desuso de la instalación provocó su estado casi terminal hasta que en la década de los 90 del pasado siglo se procedió a su restauración para la nueva utilidad.

Existen otras construcciones bajo el suelo que no precisan que nos remontemos tan atrás en el tiempo. Un buen ejemplo son los refugios de la Guerra Civil. Según un informe elaborado por el arquitecto y ex decano del Colegio Territorial de Arquitectos, Francisco Taberner, se calcula que existen cerca de 250 refugios antiaéreos de esta época en Valencia, muchos de ellos hipogeos. Algunos son muy conocidos. El del patio del Ayuntamiento de Valencia o el del colegio Luis Vives sirven de ejemplo. Otros son de reciente descubrimiento. En el 2007, durante la excavación de la mítica línea T2 del metro de Valencia se halló un búnker en la Gran Vía Germanías, entre las calles Sueca y Cádiz. Cuatro años más tarde salía a la luz un nuevo refugio situado entre Jorge Juan y Conde Salvatierra. En cada uno de ellos podían protegerse hasta 500 personas.

Lo más fascinante de la Valencia subterránea es la oportunidad de introducirnos en otros mundos de nuestra ciudad que conciernen a una memoria común. Nuestro espacio actual, si ningún botón rojo lo impide, formará parte de esa memoria. Probablemente, alguien escribirá sobre ello. Apostaría a que a ese futuro redactor, además de la pasión por su ciudad, le inquietará un asunto que a buena parte de la humanidad le ha quitado el sueño: que la tierra le sea leve.

lunes, 24 de octubre de 2016

Las Primeras Jornadas del Mundo Antiguo “Sit Tibi Terra Levis” se cierran con más de 4.000 participantes.


Tras el cierre del programa y el desmontaje de la exposición de “Máquinas de guerra romanas”, exhibida en el Museo Arqueológico de Úbeda a lo largo de dieciséis días,  la organización ha procedido a evaluar los datos de participación en las Primeras Jornadas del Mundo Antiguo “Sit Tibi Terra Levis". Una evaluación que resultó ser positiva, ya que en total han sido más de 4.000 personas las que han tomado parte en las diferentes actividades que se han llevado a cabo entre el 1 y 16 de noviembre.

Una de las actividades que destacó ha sido la exposición antes mencionada recibiendo entre otros, a grupos de centros escolares de varios municipios como Baeza o Linares, además de Úbeda. Más de 300 alumnos han podido disfrutar de la visita guiada a la exposición acompañada de las explicaciones didácticas por parte de los miembros del Grupo de Recreación del Certamen de Novela Histórica  y ver las réplicas de un “escorpión” o un “onagro”, elementos defensivos o de ataque utilizados por las legiones romanas.

Los combates de gladiadores, en sus dos sesiones de viernes y sábado, congregaron a más de 1.000 personas, a las que hay que sumar los asistentes a las diferentes charlas y actividades programadas que se sucedieron durante los días 7, 8 y 9 de octubre.

En particular, la organización quiere resaltar el interés que suscitó la charla sobre el yacimiento arqueológico de “Ciudad Salaria” y la correspondiente ruta de senderismo para visitarlo, “En busca de Salaria”. Esta última actividad pretendía poner el foco sobre el poco conocido pero rico patrimonio arqueológico con el que cuenta la ciudad de Úbeda y su término municipal,  y cumplir así con uno de los objetivos de las Jornadas.


Los resultados alientan a los organizadores para pensar en una nueva edición en el año 2017 y a trabajar en una programación que siga cosechando el interés de los ubetenses por su patrimonio y la historia. 

domingo, 23 de octubre de 2016

Recientes investigaciones demuestran que el Puerto de Huelva fue clave para el Imperio Romano


Recientes investigaciones demuestran que el Puerto de Huelva fue clave y se configuró como uno de los soportes económicos del Imperio Romano. Algunos de estos estudios están siendo objeto de debate y análisis en la Universidad de Huelva con motivo del primer encuentro del ciclo de debates científicos ‘Urbes et territoria ex Hispania’, incluido en el proyecto investigación ‘Del Atántico al Tirreno (DEATLANTIR), que tiene como objetivo investigar y poner en valor el papel que desempeñaron los puertos atlánticos y lusitanos durante el Imperio Romano, así como su relación con Ostia Antica (Roma).

El investigador Javier Bermejo ha sido el encargado esta mañana de impartir una conferencia sobre ‘Las infraestructuras portuarias de Onoba Aestuaria: un puerto de control imperial’, en la que ha esbozado ante los asistentes algunas de las características más destacadas que tuvo el Puerto de Huelva en la época romana y que hicieron de él uno de los pilares económicos del Imperio. “Roma no pasó por alto la posición privilegiada del Puerto de Huelva, que tenía a sus espaldas las minas”, ha señalado Bermejo. Precisamente, también la topografía del entorno, con especial atención a los típicos cabezos onubenses, permitió el desarrollo de un sistema de canalizaciones necesario para la amplia actividad que cosechó en la época este enclave.

Los hallazgos arqueológicos y las investigaciones realizadas en los últimos años muestran que el Puerto de Huelva estaba dividido en dos zonas. La primera estaba destinada a la actividad pesquera y conservera y estaría ubicada en el entorno de las actuales calles Palos, Tres de Agosto y Fernando El Católico y en la que se dispusieron importantes infraestructuras industriales que permitían la comercialización de los productos que se llevaban hasta la capital del Imperio Romano. La segunda zona del Puerto de Huelva era el área administrativa, en la que se realizaba también todo el trabajo relacionado con el control y el almacenamiento de los productos. “Había un comercio de amplia riqueza y de enorme actividad”, ha subrayado el investigador durante su ponencia, en la que ha detallado cuáles eran las infraestructuras con las que contaba este enclave portuario.

La conferencia se enmarca dentro un proyecto de investigación que lidera la propia Universidad de Huelva y que por primera vez analiza en conjunto y no de forma individual el papel que desempeñaron las áreas portuarias de las ciudades béticas y lusitanas y se pone en valor las relaciones comerciales que existían con la capital del imperio romano. Desde ayer, expertos e investigadores que forman parte del proyecto, y otros que han sido invitados para que puedan aportar distintos puntos de vista, están poniendo sobre la mesa los resultados que confirman que los puertos estudiados (Huelva, Faro, Mértola, Sevilla y Cádiz) eran un pilar fundamental del Imperio Romano.

Los asistentes están participando en distintas conferencias que analizan las relaciones comerciales de los puertos atlánticos béticos y lusitanos con Ostia Antica, con especial atención al puerto fluvial del Tíber, el sistema portuario de Ossonoba (Faro), el puerto de Híspalis y la ciudad portuaria de Mértola, la geoarqueología en la ensenada del puerto de Huelva y sus infraestructuras, o las rutas de navegación en el suroeste hispano basado en las fuentes literarias grecolatinas.

sábado, 22 de octubre de 2016

National Geographic:Encuentran 4 monedas romanas en un castillo medieval japonés


Cuatro monedas romanas del siglo III o IV d.C. han sido halladas durante unas excavaciones en las ruinas del Castillo Katsuren en Uruma, en la isla de Okinawa (Japón), donde recientemente se han descubierto los anzuelos más antiguos del mundo. Las cuatro monedas de cobre, acuñadas en el Imperio romano, han sido excavadas en una fortaleza japonesa que existió entre los siglos XII y XV, según The Japan Times. Es la primera vez que se encuentran objetos de estas características en Japón.

Cada moneda mide entre 1,6 y 2 centímetros de diámetro. Los diseños del anverso y del reverso no se distinguen claramente debido a la abrasión, pero los análisis de rayos X parecen confirmar las imágenes del emperador Constantino I y de un soldado sosteniendo una lanza. Otras reliquias excavadas en el sitio arqueológico incluyen una moneda del Imperio otomano del siglo XVII y otros cinco objetos circulares y metálicos que también podrían ser monedas. "El precioso material histórico sugiere un vínculo entre Okinawa y el mundo occidental", afirman las autoridades locales.

viernes, 21 de octubre de 2016

Las estatuas de Augusto, Calígula y Livia muestran sus colores


La Universidad de Córdoba (UCO) ha presentado los resultados de la investigación en torno al hallazgo de tres esculturas del siglo I en el yacimiento de Torreparedones (Baena, Córdoba). Dos representan a Augusto y Calígula de manera divinizada.

Con Augusto nació no sólo el Imperio Romano, sino también el culto religioso a su líder. A finales de 2011, un hallazgo sacudió el yacimiento de Torreparedones  y el pontífice máximo regresó a su trono. Amontonados y ordenados, aparecieron decenas de fragmentos de tres esculturas, dos masculinas y una femenina, sentadas y fabricadas en mármol.

La restauración de esas piezas ha permitido descubrir que dos de ellas representan a Augusto y a Calígula, otro conocido emperador de Roma, en un modelo único que no tiene parangón en cualquier otro lugar en Europa, África o Asia que fuera hollado por el estandarte del SPQR.

El valioso descubrimiento de las tres estatuas sedentes, las dos masculinas de los emperadores y otra femenina, posiblemente de Livia, viuda del propio Augusto, se halla ahora depositado en el Museo Histórico de Baena. Allí han sido presentadas a la sociedad, como resultado de un trabajo de investigación en el que han participado la Universidad de Córdoba, arquitectos municipales y restauradores de una empresa especializada.

Pigmentos en los pliegues

Recompuestas como si fueran un puzle desde las piezas encontradas en la curia de la colonia romana de Torreparedones, las esculturas presentan otra singularidad: en sus pliegues se hallaron pigmentos que permite reconstruir el color original con el que fueron adorados estos gobernantes pétreos.

“En ninguna parte del imperio se han localizado representaciones de este tipo”, subraya el catedrático de Arqueología de la UCO Carlos Márquez, responsable del equipo científico que ha estudiado las piezas arqueológicas. La primera de ellas se moldeó bajo el modelo divus Augustus Pater, esto es, a Augusto cuando fue elevado a los altares. Bajo este criterio se representa también a Calígula, calzado con botas militares, uno de sus rasgos identitarios. No en vano, Calígula es un diminutivo de caliga, la sandalia de los legionarios.

La representación femenina también responde al modelo. Después de que los restauradores recompusieran en los últimos meses los fragmentos hallados en el yacimiento, las estatuas se presentan casi completas, pero descabezadas. Era normal en la escultura romana que estas piezas fueran independientes y se ajustaran luego al cuerpo. En el Museo Histórico de Baena ya se conservaba la cabeza laureada del propio Augusto, otra valiosa pieza.

Fabricadas en el siglo I de nuestra era (Augusto murió en el año 16, Calígula en el 41), las estatuas, según relata el director del museo, José Antonio Morena, “fueron ocultadas en algún momento de finales del siglo II”, probablemente por causa de una guerra civil romana. Los colonos querrían conservar a sus divinos emperadores, que presidían el foro, de los peligros de un ataque enemigo.

El hallazgo de los restos se produjo en la curia de la colonia Ituci Virtus Iulia, la actual Torreparedones. La curia era una sala de reuniones de la vida pública del asentamiento. Seguramente “procedieran del templo anexo”, ha explicado Morena. Gracias a la restauración, las esculturas sedentes “parecen haber cobrado vida”, ha valorado el especialista.

Sentadas, togadas y con un gesto mayestático, las representaciones conservaban además algo de su colorida estética. Las estatuas masculinas estaban pintadas en tonalidades purpúreas, amarillas ocres y blancas; mientras la femenina era representada en tonos rojizos y azul egipcio.

Descubrir los mismos pigmentos que vieron los colonos hispanorromanos “es algo de gran novedad internacional”, afirma Márquez. Se ha logrado a partir de la aplicación de técnicas de espectrometría Raman, fotografía multiespectral e infarroja y estudios de luminescencia por parte de los arqueólogos de la UCO. Junto a la recuperación de las figuras se exhibe también una representación gráfica de cómo fueron sus entronizadas magnificencias.

Proceso trabajoso

La recuperación de este patrimonio no fue sencilla. En el momento de su descubrimiento, las piezas encontradas se encontraban “en un estado complicado y peligroso”, al hallarse en contacto con el suelo, con restos de humedad, con oxidación en los anclajes y por la aparición de microorganismos y sales solubles, recuerda restauradora Ana Infante, de la empresa Gestión y Restauración del Patrimonio Histórico. Armadas en el taller de restauración sus extremidades al tronco, la apariencia actual es muy completa. Las estatuas tienen unas dimensiones mayores que una figura humana al natural y se asientan sobre un atril, como pudieron estar en su apogeo.

National Geographic:Hallan en Jerusalén restos de artillería de la Primera Guerra Judeo-Romana


La Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) ha hallado indicios irrefutables del sitio y conquista de Jerusalén por parte del ejército romano durante la Primera Guerra Judeo-Romana, ocurrida entre el 66 y el 73 d.C., unos setenta años después de la muerte de Herodes el Grande. Los arqueólogos han descubierto numerosos proyectiles de piedra que se arrojaban con hondas o con balistas, una punta de lanza y otras piezas de artillería romana que se utilizaron para quebrantar la Tercera Muralla de Jerusalén, según ha informado hoy la IAA.

"Es un testimonio fascinante del intenso bombardeo que realizó el ejército romano, dirigido por Tito, con la intención de conquistar la ciudad y destruir el Segundo Templo", expresan Rina Avner y Kfir Arbib, directores de la excavación. "El objetivo del bombardeo era atacar a los centinelas que custodiaban el muro para brindar refugio a las fuerzas romanas de modo que pudieran desbaratar las defensas de la ciudad con arietes", añaden los arqueólogos.

El historiador Flavio Josefo vivió en Jerusalén en el año 66 d.C., cuando estalló la Gran Revuelta Judía, la primera gran rebelión de los judíos de Judea contra el Imperio romano, tras la creación de la provincia romana de Judea en el año 6 d.C. Según Josefo, la Tercera Muralla fue erigida para proteger Beit Zeita, el nuevo barrio que se desarrolló fuera de los límites de la ciudad, al norte de las dos murallas ya existentes. Agripa I, nieto de Herodes el Grande y rey de los judíos entre el 41 y el 44 d.C., comenzó la construcción de la muralla, pero finalmente la suspendió para no desencadenar la ira del emperador Claudio y para que no dudara de su lealtad. La construcción de la Tercera Muralla fue retomada unas dos décadas después por los defensores de Jerusalén, que preparaban su rebelión contra Roma.

jueves, 20 de octubre de 2016

El Templo de Isis de Cartagena toma forma


Los trabajos sobre el Templo de Isis ya dejan ver la forma y el volumen del edificio religioso de época romana que centra las excavaciones de la Fase II del Barrio del Foro Romano junto al Molinete. Y es que, las obras para reconstruir el lugar de culto ya han comenzado con la construcción de una pasarela -en prolongación de la ya existente en el yacimiento arqueológico- y la colocación del suelo sobre el que los visitantes podrán recorrer el nuevo espacio, que previsiblemente debe estar abierto al público en próximas semanas.

De esta forma, viandantes y turistas quedaron ayer impresionados con los trabajos para colocar las columnas recuperadas del templo, aunque no se conformará en su totalidad el edificio. Y es que, el objetivo del Ayuntamiento, según indicó la directora general de Arqueología, Carmen Berrocal, es recuperar ángulos del templo para que se pueda observar el volumen que tenía el lugar de culto durante la época romana.

La idea es levantar parte del edificio al igual como se ha hecho con la escena del Teatro Romano o el templo de Atargatis, en la cima del cerro del Molinete. No obstante, Berrocal especificó que en el caso del Templo de Isis será una reconstrucción de mayor envergadura, ya que durante las excavaciones se han recuperado numerosos elementos arquitectónicos, como fustes y capiteles, que pueden utilizarse para dar mayor volumen al edificio sagrado. Así, la idea barajada es levantar más de un ángulo del templo, aunque será la propia reconstrucción la que marque el resultado final de los trabajos.

Plazos previstos
Pese a los anuncios dados por las autoridades municipales de que durante este mes se pondrían en marcha las visitas a la Fase II del yacimiento, fuentes del Ayuntamiento revelaron que la prioridad ahora es concluir los trabajos de forma precisa y sin precipitación. En este sentido afirmaron que los plazos previstos se están cumpliendo y que será durante este otoño cuando esta nueva zona del Barrio Romano pase a ser visitable. De igual forma recordaron que los siguientes pasos serán poner en marcha el centro de interpretación, aunque será una vez concluya la recuperación y finalice la Fase II.

miércoles, 19 de octubre de 2016

National Geographic:La batalla de Issos


Desde el momento en que lanzó su campaña contra el vasto Imperio aqueménida, en el año 334 a.C., el jovencísimo rey de Macedonia, Alejandro, buscó provocar un enfrentamiento directo con el Gran Rey persa, Darío III, Señor de Asia. Los sucesivos y espectaculares éxitos que logró en los compases iniciales de la invasión parecieron acercarlo a su objetivo.

Tras su victoria en Gránico, el ejército del rey –unos 35.000 hombres, tanto griegos como macedonios, además de contingentes ilirios y tracios– avanzó por Anatolia conquistando territorios y liberando ciudades griegas del yugo bárbaro, sin encontrar apenas resistencia. Pero, cuando Alejandro se disponía a internarse en Siria, se llevó una sorpresa mayúscula: Darío, con un ejército que quizá superaba los 100.000 hombres, había conseguido rodearle y se encontraba en su propia retaguardia, avanzando para darle alcance.

El inevitable choque tuvo lugar en el peor emplazamiento posible para los dos ejércitos. Gracias a los informes de los exploradores, ambos contendientes se vieron dirigidos hacia una estrecha llanura de unos tres kilómetros de ancho, cortada por el curso del río Payas y bordeada por unas pequeñas montañas en un lateral y con el mar en el flanco contrario. Una ratonera a las afueras de una pequeña ciudad siria, Issos, en la que habrían de dirimirse los destinos de Asia y de Occidente. La buena noticia para griegos y macedonios era que, en un espacio tan reducido, la enorme superioridad numérica de los persas quedaría compensada, y por tanto se minimizaría el riesgo de verse rodeados por el enemigo con facilidad. En su contra estaba la presencia del río, que dificultaba el avance de la infantería.

Los persas, por su parte, esperaban la revancha. Un año antes habían sufrido una humillante derrota a manos de Alejandro en el río Gránico y ahora ardían en deseos de expulsar a los invasores de Asia. Tan enardecidos estaban sus ánimos que al llegar a la ciudad de Issos capturaron a los griegos y macedonios que ocupaban el hospital de campaña de Alejandro y los pasaron a todos a cuchillo. La batalla que ahora se avecinaba había de dar respuesta contundente y definitiva a la arrogancia del joven Alejandro, aniquilando de una vez por todas a su ejército y poniendo fin a sus ansias de conquista.

Sacrificios antes de la batalla
El rey macedonio era consciente de que se enfrentaba a una durísima prueba. Por ello, confió su suerte a los dioses: por la noche realizó ciertos ritos en los que invocó a varias divinidades marinas –Tetis, las Nereidas, Poseidón–, en cuyo honor ordenó lanzar una cuadriga al mar; también hizo sacrificios a la noche. Al mismo tiempo preparó la disposición de sus tropas en el campo de batalla tratando de aprovechar al máximo la orografía en su beneficio. Por ello apostó al veterano Parmenión como comandante de la caballería griega en el ala izquierda, con el objetivo de proteger el flanco que lindaba con la playa y evitar cualquier movimiento envolvente.

En el centro puso a la infantería macedonia, apoyada por los hoplitas griegos –organizados todos ellos en la clásica falange–, confiando en que se convirtiesen en una roca inamovible sobre la que anclar su estrategia. Él mismo se colocó en el ala derecha, al mando de los Compañeros, una infantería de élite macedonia, situada ahora en la falda de las montañas. A su lado formaron los lanceros y el resto de la caballería, y como enganche con la falange estaban los hipaspistas, tropas de élite entrenadas para el asalto que podían servir tanto de apoyo a los jinetes como para defender a los soldados.

El avance hacia el río
Durante los preparativos, Alejandro percibió que el miedo se adueñaba de sus hombres. Hacía sólo un día que sabían que el enemigo estaba a sus espaldas, y ahora, de repente, se hallaban cara a cara con él en aquel lugar angosto. Alejandro se dirigió a sus soldados para elevar sus ánimos. Aquella era la ocasión, les dijo, de pagar con la sangre del enemigo cuanto hasta entonces habían disfrutado como botín. Les llamó por sus nombres, recordando las hazañas que juntos habían llevado a cabo. Así logró enardecerlos, confiados en su fuerza y, sobre todo, en su rey. Según recoge un cronista, todos "le gritaban a Alejandro que no se demorara y que ordenara cargar ya contra los enemigos".

Pese a ello había nervios incluso entre los mandos. Ante la disposición enemiga, Alejandro ensayó distintas estrategias, esperando que la escogida fuese la correcta, pues sólo tendría una oportunidad. Parecía evidente que su flanco más débil era el cercano al mar; de hecho, los persas reforzaron este lado con la intención de rebasar la línea y superar a los griegos.

Percibiéndolo, Alejandro decidió mover sus piezas, pero a escondidas: hizo que los jinetes tesalios cambiasen de flanco para ayudar a Parmenión en la derecha, pero les obligó a cruzar por medio de las líneas de soldados, ocultándolos así a la mirada del enemigo. Por último, ante la superioridad numérica persa, el rey decidió alargar su propia línea de batalla con la esperanza de ganar elasticidad en un terreno tan accidentado.

Darío, por su parte, aun sabiéndose superior, prefirió actuar con cautela ante un oponente cuyo genio militar temía. Situó un cuerpo de infantería en cada posible vado del río, y reforzó los lugares de difícil acceso con empalizadas. Su propósito era obligar a Alejandro a luchar por el control de los puntos de paso del río, confiando en que así la formación macedonia quedaría desorganizada y exhausta y sería fácil presa de los soldados apostados en lo alto de la otra orilla. Mientras, la caballería aqueménida, desde la segunda línea, buscaría abrirse paso entre el enemigo y desbordar sus flancos para multiplicar los frentes y acabar con él.

Alejandro fue el primero que ordenó avanzar a sus fuerzas, desplegándolas en toda la extensión de la llanura. Luego, los macedonios empezaron a cantar el peán, una terrible canción bélica, mientras entrechocaban con fuerza sus armas, produciendo un estrépito que hizo estremecerse al enemigo. Los persas reaccionaron atacando con su caballería el lateral izquierdo, poniendo en dificultades a Parmenión. Pese a todo, éste aguantó el flanco, del mismo modo que también resistió la infantería en el centro, enfrentada al cruce del río y a la enconada lucha con el enemigo, en violenta pugna por avanzar.

En el lado derecho, los macedonios consiguieron romper la formación persa y provocar la primera retirada. Abierta la brecha, Alejandro se puso a la cabeza de sus fieles Compañeros, y la caballería real avanzó como un rayo, sembrando muerte y confusión, tras rebasar el flanco de la primera fila persa. Moviéndose entre líneas, avanzaron en dirección oblicua, hacia el centro mismo del ejército persa, donde nadie hubiese pensado que pudiese dirigir su ataque.

La huida del Gran Rey
En el caos de la batalla, Alejandro condujo en persona a sus jinetes al encuentro de Darío. Cogida por sorpresa, la caballería real persa rodeó al Gran Rey, protegiéndole del intenso ataque macedonio. Alejandro sabía que si eliminaba a Darío habría ganado la guerra. Su lucha era desesperada: Darío podía huir para combatir otro día, pero Alejandro y sus hombres, si fracasaban, no tendrían escapatoria. Más allá del valor y la fuerza, los macedonios peleaban con auténtica rabia, movidos por un deseo de supervivencia. Ante la aproximación de Alejandro, Darío decidió de pronto dar la vuelta a su carro y huir. Sin dudarlo, sus nobles escaparon tras él, dejando al ejército en mitad de un encarnizado combate.

Alejandro quiso perseguir a Darío, pero la llegada del ocaso y el riesgo de dejar el campo de batalla con la lucha sin decidir le obligaron a volver sobre sus pasos. El rey dio entonces cobertura a sus fuerzas, que ya habían superado en todas las líneas a los persas; éstos, hundidos en el caos, habían sido abandonados por su rey a una muerte segura bajo las lanzas macedonias. La carnicería fue terrible. Ptolomeo, uno de los generales de Alejandro, recordaría luego que él y los otros perseguidores de Darío atravesaron un barranco caminando sobre cadáveres.

En una magnífica lección de estrategia, Alejandro había sabido organizar perfectamente a sus tropas en un escenario difícil y ante un enemigo aguerrido y superior en efectivos. Su victoria en Issos fue una de las más destacadas de su carrera. Pero lo que mayor admiración causó fue su participación personal en el combate. No sólo supo transmitir a sus hombres la moral de victoria en la primera acometida, sino que se adentró en la refriega al frente de la caballería hasta alcanzar el carro de Darío sin importarle los riesgos; de hecho, los cronistas recogen que fue herido en un muslo por una espada.

Su ejemplo de valor, inspirado en los poemas de Homero, arrastró a todos los demás. Desde la primera fila de su ataque, Alejandro había sido el autor material de la victoria. Había vencido no sólo como el mejor general, sino también como su más valioso soldado.