martes, 7 de marzo de 2017

Caraca: Bienvenidos, Mr. Romanos


El descubrimiento de la ciudad romana de Caraca ha animado a los habitantes de Drieba. Una oportunidad para esta localidad de remontar la crisis, atraer turistas y que se creen puestos de trabajo a través de la cultura y de la existencia de un patrimonio histórico de gran interés. Las leyendas referidas al yacimiento se han convertido ahora en realidad. Es una demostración de que cuidar el pasado, en vez de arruinarlo, es una ventana para la prosperidad y abordar el futuro.

Lo que no dice el conocimiento, lo sabe la tradición. Mucho antes de que llegara la pala del arqueólogo, ya advertía lo que había por esos lares el romance o la coplilla popular:

«Barranco del tesoro, que te quedas con mi riqueza y yo me voy con mi pobreza».

Una rima extendida por estas tierras donde también permanece una versión menos extensa, pero igual de ligera, eso solamente depende de con quién se de y de con quién se hable:
«Baranquillo del tesoro,donde entras pobre y te marchas rico».

Mariano no dice su apellido: ¿para qué? Mariano, que ha sido pastor desde niño, creció en el campo, sabe orientarse de noche con solo mirar las montañas, cómo colocar una manta para que no te moje la lluvia y qué plantas arrancar cuando parece que alrededor no hay nada para comer. «Yo a los cinco años dormía aquí, con el rebaño», comenta señalando la silueta de la iglesia derruida que aún remata el cerro de la Virgen de la Muela. «De pequeño jugaba con las cosas que aparecían por aquí mismo. Ahora sé lo que eran esas cosas, pero entonces, qué iba a imaginarme yo que todo esto tenía valor».

–¿Y qué es lo que hallaba?

–Me ponía escarbar el suelo y me salían vasijas, cerámicas. Me divertía tirándoles piedras, rompiéndolas. ¡Claro, para nosotros no poseían nada de valor!» Habrá quien nos juzgue ahora en las ciudades, los que han recibido educación. Pero que se pongan esos señoritos en mi caso hace cincuenta años y siendo, además, un crío que se pasaba aquí los días enteros... También veía láminas brillantes que cogía. Me entretenía con ellas y después las arrojaba. Cuando me pongo a pensar hoy en ellas, pues me digo que a lo mejor eran de plata.

El hallazgo de la ciudad romana de Caraca, mencionada por las crónicas y los textos de los historiadores de la época, ha puesto en el mapa a la localidad de Driebes (Guadalajara). Pero en la zona, ya desde hacía siglos, se perpetuaban multitud de historias de una generación a otra alrededor de este yacimiento. «Aquí al lado –insiste Mariano– había un cementerio visigodo y las leyendas decían que alrededor de este alto aparecían cosas de valor. De hecho, en 1945, se encontró un tesoro de monedas de plata que está en el Museo Arqueológico Nacional». Después, sin querer señalar ningún lado, asegura que en la zona, alrededor, hay «pueblos» romanos, o sea, villas romanas, y asegura que son como tres o cuatro. Pero esto es algo que le han contado a él. «Ahora hay uno por ahí que dice que encontró un casco romano. Ahora hay muchos que dicen haber encontrado yo qué sé, oro, pero son tonterías. Si se les conociera de verdad, no los creerían»

Ángel y Pedro Zorita compraron en 1978 estas tierras de cultivo a las monjas. «Nosotros metíamos la vertedera y sacábamos muchas piedras. Hemos labrado esta tierra docenas de veces. Para evitar atascarnos con la vertedera, pues íbamos al cultivador, que es más corto».

–¿Y encontraron algo?
–De valor, nada. Cerámica, eso, sí. Y piedras. Y tejas, las que quieras.
–Ahora, en su parcela han encontrado una ciudad romana.
–Yo, con mis años, ya no pienso en nada. Lo único que me importa es la gente joven del pueblo, y todos esos que se han tenido que ir. Bueno, ahí está mi campo. Si ahora sirve para que algunos puedan encontrar trabajo o para traer prosperidad a la aldea, me doy por contento.

Roberto, el hijo de ángel, pasea por el cerro de la Virgen de la Muela con los manos en los bolsillos. «No conocía las tierras de mi padre. Las he visitado por primera vez ahora, con este revuelo. ¿Sabía que esto es cebada?

–Ni idea.
–Se la comen los conejos. Los conejos nos han arruinado la cosecha. Los conejos son una plaga.
Javier Bachiller es el actual concejal de Cultura de Driebes. Su segundo apellido es Higuera, el mismo nombre del comercio que lleva. «Todo el mundo sabía que en este sitio había algo. De vez en cuando salían columnas, sillares, pero era imposible imaginar el nivel de su importancia. Ya habían hecho estudios anteriores, aunque ahora, con todo esto... la página web del Ayuntamiento ha triplicado en estos días las visitas que hemos tenido desde que la inauguramos hace unos pocos meses». Javier Bachiller quiere apostar por la cultura como una vía para traer prosperidad y riqueza al pueblo. «Está a cuarenta kilómetros de Segóbriga y veinte, de Zorita. Se puede hacer un recorrido turístico». Una de sus preocupaciones actuales es proteger el yacimiento. Un aspecto en que Driebes ya es una experta.

–Hace mucho, como décadas –explica Ángel, que es licenciado en Historia–, venían personas con detectores de metales. Para evitar que levantaran la tierra y se llevaran cosas, nos dedicamos a echar chapas de refrescos. Claro, al rato, todo ellos desesperaban y se marchaban maldiciendo. Ahora pasa lo mismo.

Raúl, que trabaja detrás de la barra de uno de los bares de Driebes, lo pasa bien sirviendo a su clientela. Hace tan solo unos días abría casi para que el paisanaje no pasara frío en la calle y se tomaran un café caliente. Desde que saltó la noticia del descubrimiento de la ciudad de Caraca, se ha triplicado las visitas a su establecimiento. «Todo esto puede traer gente al pueblo. Eso fomentaría que se abrieran tiendas y que hubiera más movimiento. Es lo que todos, en el fondo, desearíamos».


BAJO VIGILANCIA
El anuncio del hallazgo de una ciudad romana ha alertado a la Guardia Civil. Desde que salió la noticia, el terreno donde se encuentra el yacimento está sometido a una estricta vigilancia de día y de noche para prevenir que aparezcan personas con intención de saquear la zona. A su presencia hay que sumar la de muchos vecinos que se pasean por sus alrededores para mirar quién está allí. Cuando aparece alguien que no conocen le preguntan qué hace y cuál es su nombre. A ellos se han sumado diferentes unidades de la Guardia Civil, en especial de Seprona, que no dejan de rondar esa tierra. Lo hacen en motos, en coches y, también, desde la distancia. Se han colocado en distintos puestos y con prismáticos controlan a quienes que se acercan al lugar.